Turquía pone en marcha la limpieza étnica en la nueva zona ocupada del Kurdistán sirio

Turquía ya está aplicando medidas concretas para llevar a cabo una limpieza étnica en la zona de Rojava -Kurdistán sirio-, que ha logrado ocupar durante su última operación militar en el norte de Siria. Se trata de una franja de terreno enmarcada entre la frontera turco-siria, la autovía M4 y las ciudades de Tel Abyad y Serekaniye.

Esta ocupación ha sido posible por el uso de milicias islamistas traídas de los otros dos territorios sirios ocupados por Turquía -Afrin y la franja entre Azaz y Jarabulus-, que han contado con el apoyo de cazabombarderos turcos procedentes de la base aérea de Incirlik, a su vez protegida por baterías antiaéreas del Ejército español.

Las medidas que se están aplicando aquí son muy similares a las ya practicadas en las otras dos zonas, consistentes en presionar a los todavía residentes para que se vayan, impedir el retorno de los que se fueron, y traer las familias de los milicianos yihadistas para que ocupen las casas y terrenos abandonados.

De acuerdo con las informaciones del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), en Serekaniye varias personas que han vuelto a sus hogares han sido conducidas a bases de las milicias para que demuestren ser los propietarios. Pero, pese a demostrarlo con documentos de propiedad de hace dos generaciones, son obligados a firmar un escrito renunciado a las propiedades y comprometiéndose a abandonar definitivamente la ciudad, amenazándoles incluso con la muerte si no lo hacen. “Todos los que vuelven reciben el mismo trato con el objetivo de justificar legalmente el establecimiento de la franja de seguridad”, han señalado las fuentes acreditadas por la organización humanitaria.

Por su parte, el presidente turco, Recep Tayip Erdogan, ha anunciado que se dispone a desplazar hasta estos “territorios liberados” a un millón de refugiados sirios, siguiendo el programa de asentamientos previstos para invertir el componente demográfico de la zona, reforzando la presencia árabe en detrimento de la kurda.

Estos hechos siguen las mismas pautas ya practicadas el año pasado en la región de Afrin y en la franja Azaz-Jarabulus. De la misma forma que en esos territorios, se están produciendo continuas denuncias de saqueos, confiscaciones, secuestros, violaciones y “mordidas” en los controles establecidos por las milicias, con el objetivo de aterrorizar a los habitantes y forzarles a que se vayan de la zona.

Por ejemplo, en el pueblo de Jaadh, próximo a Tel Abyad, después de haber asesinado a cinco miembros de una familia, una de estas milicias secuestró a un matrimonio de ancianos y a un niño, exigiéndoles para dejarlos en libertad la suma de 10 millones de libras sirias.

En algunos casos, la única razón para matar a una persona ha sido proceder de una ciudad leal al régimen de Damasco o pertenecer a una familia simpatizante con la autonomía kurda. Eso es lo que ocurrió con una persona de la ciudad portuaria de Tartús, en el mar Mediterráneo, parte de Siria habitada por la minoría alawi, a la que pertenece la familia del presidente Bashar Al Assad.

Cerca de Tel Abyad también se encontraron los cuerpos de Media Bouzan y Hafin Khalil Ibrahim, dos jóvenes enfermeras de la Media Luna Roja, asesinadas junto a Mohamed Bouzan, conductor de la ambulancia en la que iban.

La organización humanitaria, con base en Londres, informó igualmente de la confiscación de vehículos en los puestos de control, citando, en este sentido, los ejemplos de Mohamed Al Aboud, al que apresaron por negarse a entregarles la motocicleta y el teléfono móvil, y el de Hamad Al Khalaf, cuyo coche y móvil fueron requisados en las proximidades de Al Alya.

En otros casos, se exigieron distintas cantidades de dinero para poder pasar los numerosos controles establecidos en las carreteras; en Serekaniye, varias decenas de personas han sido obligadas a recolectar algodón en tierras confiscadas a familias kurdas, cristianas o yezidíes, que son las minorías étnicas más afectadas por la campaña de limpieza étnica en marcha, y en Maabatli forzaron a veinte agricultores a trabajar con sus tractores en las tierras que habían requisado.

Por lo general, estas denuncias van dirigidas contra los grupos Al Hamsa y Sultán Murad, principales integrantes de lo que ahora el gobierno de Ankara denomina Ejército Nacional Sirio (ENS), que en realidad es un conglomerado de antiguos grupos yihadistas en los que se han detectado, incluso, mandos del Estado Islámico. El OSDH pone como ejemplo al responsable de la 13ª Brigada (11ª División) de este nuevo “Ejército Nacional”, financiado y armado por Turquía, que también estuvo al frente del Estado Islámico en la región de Homs entre los años 2014 y 2017.

Por lo que respecta a la región de Afrin y en la zona igualmente ocupada al norte de Alepo, entre Azaz y Jarabulus, siguen produciéndose actos calificados como “crímenes de guerra”, entre ellas la violación de mujeres, secuestros, asesinatos, detenciones arbitrarias y, últimamente, debido a la escasez de carburantes, la tala de olivos, principal recurso económico para los habitantes de la región. Por ejemplo, en la aldea de Kafer Janna, integrantes del grupo Al Shamiyah talaron 200 olivos, único sustento de una mujer de avanzada edad y que sufrió un infarto por este motivo. Actos similares se habrían detectado en las localidades de Sharran y Drakair.

Una de las denuncias más graves tiene que ver con la detención en la ciudad de Azaz de un joven, con una fuerte y evidente discapacidad psíquica. Este joven, de nombre Aras y 30 años de edad, procedía de la localidad de Qantal Jendo, situada entre Azaz y Afrin. Llevado a uno de los cuarteles de las milicias pro-turcas, fue interrogado y torturado, introduciéndole un palo por el ano, que le provocó importantes desgarros internos y externos, tal y como pudo certificar un médico cuando fue puesto en libertad y pudo volver con sus familiares.

Precisamente, en la citada aldea de Qantal Jendo apareció el cuerpo sin vida de una mujer que había sido secuestrada previamente, y las organizaciones yezidis, importante minoría religiosa de la región de Afrin, también ha denunciado el asesinato de la joven Nergiz Dawoud, de 23 años, perteneciente a la Organización de Defensa Civil, cuando se dirigía a abonar la paga a distintos miembros de este grupo humanitario.

Especialmente graves son los numerosos casos de agresión sexual y violaciones contra las mujeres, que suponen un claro mensaje de amenaza contra las familias de las jóvenes para que abandonen las zonas ocupadas. Solo en una comarca próxima a Tel Abyad, los miembros de una tribu árabe local quemaron varias sedes de estas milicias pro-turcas, a quienes responsabilizan de una decena de violaciones entre sus mujeres.

Uno de los mensajes más reproducidos en Internet con este objetivo de amedrentar a la población local, es el que se aprecia en el video difundido por el responsable de una de estas milicias tras haber ejecutado a la militante kurda Amara Renas, vídeo igualmente recogido por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Dirigiéndose a la cámara, y mientras otro yihadista pone su pie sobre el cuerpo sin vida de Amara, el responsable del grupo dice, entre gritos de ¡Alá Akbar! (Alá es Grande): “Mirad lo que hacemos con las putas que nos habéis enviado”.

FUENTE: Manuel Martorell / Cuarto Poder