Turquía: Atentado, purgas y detenciones

“Su objetivo es destruirnos. Pero estoy seguro de que resistiremos también esta ofensiva”, afirmaba el Presidente de la República, Erdogan, hace algunas semanas, llamando a sus partidarios a cambiar sus dólares a libras turcas para, según él, frenar la fuerte devaluación de ésta.

Si esta campaña, seguramente, no va a contribuir a recuperar la economía turca, la anécdota muestra el espíritu con el que actúa Erdogan: hacer frente a un interminable complot occidental (desde la revuelta de Gezi al golpe de Estado fallido del 15 de julio de 2016…) dirigido por lo que llama “el cerebro”, (literalmente, la “razón suprema”) por no nombrar directamente a Estados Unidos. Además, manifiesta la necesidad obsesiva de movilizar de forma permanente a las franjas de la población que le apoyan, de perpetuar el espíritu de resistencia y de unidad nacional-islámica que se había formado como consecuencia de la tentativa de golpe militar.

La represión permanente

En una atmósfera en la que toda la política parece estar reducida a la “lucha antiterrorista”, en el atardecer del viernes 6 de enero otras 8000 personas -personal universitario, funcionarios de los ministerios de salud y justicia, policías, miembros del Consejo de Estado- fueran despedidos mediante la publicación de tres nuevos decretos-ley promulgados por el Consejo de Ministros bajo la presidencia de Erdogan. Estos decretos, que también prohíben decenas de asociaciones, entre otras cosas, permiten facilitar el acceso de la policía a las informaciones personales de los internautas y, sobre todo, privar de la nacionalidad a los ciudadanos turcos en el extranjero que no vuelvan en los tres meses siguientes a su convocatoria por el Estados turco.

Las detenciones arbitrarias continúan también en el marco del estado de excepción. Si bien la novelista Asli Erdogan y la lingüista Necmiye Alpay han sido puestas en libertad después de 5 meses detenidas (aunque el procedimiento judicial contra ellas continúe), ahora le toca ir a la cárcel al periodista Ahmet Sik. El encarcelamiento de Sik tiene de asombroso que es un especialista en la hermandad Gülen (presunta organizadora del golpe de Estado) que puso al descubierto la infiltración de ésta en el aparato del Estado y que ya pasó un año en prisión en 2011, tras un proceso orquestado por fiscales gülenistas.

En aquella época, Erdogan, aliado de los gulenistas, pronunció su famosa frase: “Algunos libros son más peligrosos que las bombas…”, en referencia al libro de Sik, que entonces aún se estaba escribiendo. Y a pesar de que tras el golpe fallido Sik fue invitado a los estudios de TV como experto en el movimiento Gülen, ¡hoy está detenido por propaganda a favor de la organización gülenista y del PKK!

También merece ser citado el caso del estilista Barbaros Sansal. Figura popular anti-AKP, que estaba en nochevieja en Chipre del Norte, fue enviado a Turquía bajo presión de las autoridades turcas tras la difusión de un video en el que decía que Turquía podía ir a “ahogarse en su mierda”. A su llegada a Estambul fue linchado por el personal del aeropuerto y detenido.

Los frutos podridos de la política de Erdogan

El abominable atentado en una discoteca de Estambul la nochevieja, que causó la muerte de 39 personas y cuyo autor sigue siendo buscado, fue reivindicado por el Estado Islámico (EI). Sin embargo, es innegable que esta masacre entra en resonancia con la propaganda anti-año nuevo (según la cual sería una fiesta contraria a “nuestros valores” y por tanto, de alguna forma, cristiana) llevada a cabo por las instituciones estatales y trasladada a la calle por grupos islamistas, que han llegado a hacer performances representando actos de violencia contra papá Noel.

Por su parte, las muy numerosas manifestaciones de alegría expresadas en las redes sociales, frente a la masacre de los “descreídos”, muestran la profunda grieta existente en el seno de la sociedad turca y la radicalización del conservadurismo religioso bajo el AKP, a la vez que atizan la inquietud de los sectores seculares e inician un amplio debate sobre la deslegitimación del estilo de vida occidental y laico por el régimen de Erdogan. Ciudadanos que habían ido a depositar flores en los lugares del atentado fueron detenidos, y jóvenes militantes de extrema izquierda, que condenaban las atrocidades del EI distribuyendo panfletos, fueron arrestados y puestos en prisión preventiva… Todo ello la misma semana en que un miembro del EI, que había servido a la organización en Mosul, fue puesto en libertad vigilada ¡con el pretexto de que tenía un domicilio fijo!

Cinco días después, un coche bomba atacó el Palacio de Justicia de la ciudad de Esmirna. Un bedel, un policía y dos de los autores del atentado han resultado muertos. El atentado no ha sido reivindicado pero el Estado turco lo atribuye al PKK (1).

El realineamiento -aberrante y que certifica el fracaso de su política intervencionista- de Ankara con el eje Rusia-Irán, igual que su obstinación en negarse a reconocer el proceso de autodeterminación kurda en Siria, van indudablemente a continuar teniendo consecuencias en el interior del país. Pero la primera preocupación de Erdogan es aprovecharse de una situación caótica, cuyo principal responsable es él, para consolidar su dictadura, en particular mediante el paso a un sistema presidencialista. Para ello, en estos momentos se está votando una enmienda constitucional en el Parlamento.

Notas:

(1) Según eldiario.es, el atentado ha sido finalmente reivindicado por el grupo armado Halcones de la Libertad de Kurdistán (TAK) http://www.eldiario.es/politica/Grupo-reivindica-Palacio-Justicia-Esmirna_0_600540075.html –ndt.

FUENTE: Uraz Aydin/NPA/Traducido para Viento Sur por Faustino Eguberri