Abuelita

Es el primer día de confinamiento. No tenemos mucho que hacer, así que nos bebemos el té con tranquilidad mientras conversamos sobre el coronavirus, pues en la tele casi no hablan de otra cosa.

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Rojava: Mis amigos son pájaros negros

Para mí, Serekaniye significó decidir que iba a morir. Cuando llegamos, la ciudad ya estaba prácticamente rodeada. De los cuatro coches que intentamos entrar, solo dos los conseguimos. Nos abrimos paso así, de aquella manera… pero al final entramos.

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Rojava: El Google Translate

No hizo falta que pasara mucho tiempo desde que llegáramos al que desde entonces sería nuestro lugar durante la guerra, que ya me di cuenta de que el idioma iba a ser uno de los principales escollos a superar.

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