“Seguimos siendo el Sur de Turquía, el Oeste de Iraq e Irán, así como el Norte de Siria”

“Se hablan de minorías, de religiones, de rebeldes, más los medios orientales como occidentales distorsionan nuestro eje como pueblo. No somos ninguna minoría, somos una realidad que ha de ser visible”.

“¿Usar las armas?, Durante décadas hemos sido detenidos, sometidos, asesinados, relegados. Nadie sabe las consecuencias morales y psicológicas que cargamos los ciudadanos y ciudadanas kurdas por el mero hecho de defender a nuestras familias, así como a nuestra cultura y territorio. Durante la invasión del estado islámico, ¿a quién le ha supuesto gusto empuñar un arma? La guerra no sólo ha dejado atrás mártires, heridas de por vida y pérdidas materiales, sino cientos de personas con problemas psicológicos debido a las mencionadas pérdidas, tanto así como por el uso armado como autodefensa, en la vanguardia, precariamente y tras nuestros cuerpos, los de hijos, mujeres y maridos, padres y madres o abuelos y abuelas”.

“Nos sentimos orgullosos y orgullosas de nuestra victoria, pero tanto derramamiento de sangre es inhumano, muchos y muchas nos sentimos destrozados y destrozadas moralmente, más hemos de seguir alerta ante cualquier amenaza, al igual que seguir con nuestro programa de reconstrucción en los diversos ámbitos que tenemos como programa para construir una sociedad igualitaria”.

Tantísimos han sido los relatos que me ha podido ofrecer el poder charlar con las gentes de Kôbane, que con máximo respeto hacia sus opiniones, pero ante mi antisionismo y respecto a un análisis geopolítico de la situación, una de las opiniones que más me ha sorprendido ha sido el respeto hacia los EE.UU., agradeciendo sus bombardeos sobre las bases de Daesh, así como el respeto al estado sionista como posible respuesta hacia más ofensivas, y una posible intervención militar. A la par, una añoranza hacia Rusia por actuar de igual manera sobre las bases integristas islámicas. Absolutamente, con todo mi respeto, pero aún no sé cómo describir este fenómeno ideológico. Supongo que ante la desesperación, cualquier similitud a la liberación es bienvenida.

No es odio, ni tampoco repulsión. Más si podría describir al Pueblo Kurdo (con la Historia por delante), como los y las herederas de la Madre Mesopotamia y sus raíces matriarcales que incluso se sostienen en el vocabulario – Jin=mujer, Jinye=vida -. Siendo un pueblo que por todo punto cardinal ha sufrido y ha sobrevivido las ocupaciones de pueblos como el Árabe tras la imposición del Islam o la llegada de los Otomanos del Centro-Oeste de Asia. Por lo tanto, el Pueblo Kurdo, ante cualquier intervención, en este caso, el intento del ISIL de hacerse con sus tierras, ha comenzado ha suscitar la atención de activistas, grupos políticos y de forma muy precaria, la de medios de comunicación.

Kurdistán, Mesopotamia, quiere que su territorio sea reconocido y más, en estos momentos de ofensiva multilateral en un período en que la máxima figura política kurda del siglo XX y XXI ha propuesto un nuevo sistema global para, partiendo desde la evasión nación-estado, resurgiendo el ‘alma mater’ o idiosincrasia cultural, dentro de un concepto antimachisa y feminista, anticapitalista y con un amplio respeto hacia la naturaleza, combatiendo los aspectos que la destruyan, reconociendo las minorías y pueblos indígenas, dotándolas de herramientas para su resurgimiento ante el imperio de los estados.

En estos momentos, el pueblo kurdo está asediado por los estados y las inhumanas alambradas que entre ellos les separan. Mientras Kôbane estaba siendo atacado, la policía turca dejó entrar a trompicones a ordas de personas que a día de hoy, todavía siguen en campos de refugiados gracias a la Municipalidad de Şuruş, gobernada por el HDP, coalición perseguida por el gobierno de Erdogan y quienes están sufriendo una fortísima represión armada (recordemos también que Erdogan dejó entrar de nuevo al EI para que a media noche asediara a la población kurda de Kôbane. Las fuerzas de autodefensa lograron arrestar a un miembro de éstos, que finalmente, declaró el beneplácito de Turquía para la entrada de la banda terrorista e introducirse de nuevo en territorio de Rojava.

En lo que respecto a Irán, es una situación similar al resto de estados que aún beligerantes, la asimilación por imperativo legal. Vives bajo jurisdicción turca, Siria, iraní; por ente eres otomano, árabe o persa. A excepción de la autonomía de iraquí gobernada por Barzani, títere estadounidense y parte de las zonas más militarizada.

KÔBANE:

No puedo obviar que tras pocos meses atrás en los que se acabó la beligerancia y cuando la tranquilidad está mojada y colgada con pinzas de plástico, la presencia de un extranjero/a en la zona supone sorpresa, agradable o desagradable. Supone quizás, miedo. Supone quizás, admiración. Pero en muy pocos casos se pasa desadvertido.

El estado de seguridad es tan amplio que hasta coordinadores y coordinadoras, miembros del gobierno del cantón o incluso, el mismo alcalde, necesita del beneplácito militar para asegurar el paso entre diversas poblaciones.

Precisamente, hablando con varios traductores jurados a cargo de las delegaciones que visitan la zona, me advirtieron que se hace extramamente cansado el hecho de intentar atravesar el pueblo de punta a punta, porque esa hostilidad procede de las entrañas del miedo que ha pasado la población y la presencia de alguien extraño supone, como mínimo, una fuerte extrañez. No por tanto, existe el mismo porcentaje de familias que abren las puertas de sus casas para dejar de comer y ofrecerte lo poco que puedan llevarse a la boca.

La UNRWA pasó por allí, pero llega el Invierno y no están cubiertos los mínimos sanitarios para que la gente sobreviva en las casas que todavía no están reconstruídas.

Recordemos que Kôbane no era una población pobre, sino que han sido los sicarios de América y Arabia Saudí a quiénes se les ha ido de las manos las riendas de unos mercenarios, los cuales, han conseguido tras el suministro de tropas (y todavía con la subvención de los saudíes), empobrecer a la población autóctona.

Personalmente, me siento orgulloso de haber podido escuchar tantísimos testimonios y haber hecho tan buenos amigos quienes me han explicado los pormenores y su absoluto compromiso con el programa político que se quiere construir desde la cuna de las civilizaciones, partiendo por la exterminación del terrorismo de los estados y el resurgir de los pueblos.

Más el contexto ha derivado en sucesos que muchas ocasiones han podido provocar desagradables comentarios o miradas hacia “el extranjero”. Más siendo así, la recomendación de aquellos grandes amigos es. Sé fuerte y si de verdad quieres trabajar con tus manos desde lo más fuerte de tu corazón, recuerda nuestras palabras, fíjate en el mercado cuantísima gente te invita, cuantísima gente no ostenta ningún miedo a que entres a sus casas, a cuántas invitaciones has sido convocado.

Porque gracias a pequeños granos de arena conseguiremos forjar un confederalismo que no sólo rompa los muros que separan nuestro pueblo kurdo, sino que llegaremos mucho más lejos y trasladaremos aquel empoderamiento feminista, aquella organización local y/o ciudadana junto al respeto hacia la naturaleza hasta cualquier pueblo, para así, como dijo “El Apo”, construir un nuevo sistema global en red y apoyándonos en nuestras culturas para hermanarnos.

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Álvaro Herraiz San Martín