“Los kurdos hemos pasado de actores a directores en Oriente Medio”

Cuando se cumplen 15 años de la fundación en Irán del Partido para una Vida Libre en Kurdistán (PJAK), la organización hace balance y traza estrategias en un momento de “grandes oportunidades para el pueblo kurdo”.

Heval Mazlum, miembro ejecutivo del PJAK, se disculpa por la demora en hacer llegar el comunicado del movimiento de liberación kurdo-iraní a GARA. “Estamos sometidos a continuos bombardeos por parte de la aviación turca aquí, en Qandil, por lo que no anunciamos ni la celebración de la asamblea, ni sus conclusiones hasta hoy mismo”, explica, por teléfono, el guerrillero.

El sexto congreso de PJAK se celebró el 10 y el 11 de marzo en el bastión de montaña kurdo. De hecho, Mazlum es uno de los 16 miembros que deciden sobre el rumbo de la resistencia armada kurdo-iraní.

“Por el establecimiento de una nación democrática, hacia la unión democrática de naciones en Irán”, fue el lema bajo el que se celebró una asamblea que arrancó con la reorganizaron de los diferentes comités “en función de los próximos desafíos”, y se eligió a Siyamand Moeini y Zilan Vejin por segunda vez como co-líderes de PJAK. También se hizo balance de la situación política global así como la de la región de Oriente Medio. Una de las conclusiones principales fue que el siglo actual ofrece “grandes oportunidades” para los kurdos, que se han convertido en “pioneros en establecer un sistema alternativo a regímenes ineficientes y oxidados de la región”.

El modelo del Confederalismo Democrático –trazado por Abdulllah Öcalan, cofundador y líder en prisión del PKK– se lleva implementando por primera vez en Rojava desde comienzos de la guerra en Siria, en marzo de 2011.

Si bien no se desafía la territorialidad de Oriente Medio, se apuesta por una descentralización radical de los poderes monolíticos de la región. El documento extraído de la asamblea denuncia la “mentalidad totalitaria, centralista y de apartheid tras el sistema del Estado-nación global”. La contrapartida, continúa el comunicado, radica en “el crecimiento de una cultura de resistencia organizada que se está extendiendo entre otros pueblos además de los kurdos. Hemos pasado de ser actores a directores en Oriente Medio”, asegura el comité.

El PJAK comparte ideología y estrategia con el PKK y es, junto con el PDKI (cercano al PDK de Kurdistán Sur), una de las dos organizaciones que apuesta por la lucha armada como forma de resistencia al gobierno teocrático de Teherán. El comunicado emitido por la asamblea denuncia “ejecuciones y arrestos masivos” que tienen sus picos en provincias como Kurdistán, Juzestán (de mayoría árabe) o Baluchistán, un extremo que corrobora el informe anual de 2019 de Amnistía Internacional. Según la ONG, 251 individuos fueron ejecutadas en el país el pasado año, 52 ellas kurdos. Más allá de las minorías nacionales, el PJAK también apunta a una “atmósfera venenosa de represión” que ha acabado por movilizar a “mujeres, profesores y estudiantes, trabajadores, agricultores y funcionarios por todo el país”. La que más han trascendido a nivel global quizás sea la campaña de protestas contra la obligatoriedad del velo islámico. Arrancó en 2017 y, hasta la fecha, ha llevado a prisión a docenas de mujeres, algunas con penas de hasta 42 años de cárcel por “incitación a la prostitución”.

Teocracia iraní “negligente”

El movimiento acusa al gobierno de los ayatolás de “negligencia” durante la crisis del Covid-19. “La incapacidad e irresponsabilidad del Estado Islámico para enfrentar desastres naturales e impredecibles y emergencias como terremotos, inundaciones o el coronavirus ha revelado cuán inestable es el régimen cuando se trata de proteger a la sociedad y garantizar su salud”. Meses antes de la llegada de la pandemia a Irán, el pasado febrero, el país se vio sacudido por una cadena de inundaciones en 26 de sus 31 provincias que se saldó con docenas de muertos. La sensación de “dèjá vu” entre la población kurdo-iraní era dolorosamente inevitable tras haber sufrido esta el terrible terremoto de Kermanshah, en 2018. Cifras oficiales hablaron entonces de 700 muertos.

Asfixiada económicamente por el coste de las guerras en países como Líbano, Irak o Afganistán, la corrupción, las sanciones internacionales y, más recientemente, el desplome de los precios energéticos, Teherán difícilmente puede sostener infraestructuras tan básicas como las sanitarias. La organización kurdo-iraní destaca la movilización de la sociedad civil durante todas estas crisis, un factor que, dice el movimiento, “confirma la validez del modelo de autogestión”.

Estrategia

En su último comunicado, el PJAK dice actuar sobre en tres pilares: el desarrollo de una política democrática, la mejora de la unidad nacional entre los kurdos, y el establecimiento de vínculos democráticos entre todas las naciones en Irán. Entre los ejes sobre los que se articula su estrategia de cara al futuro más próximo, también está acabar con el aislamiento de Abdullah Öcalan en la isla-prisión de Imrali, o coordinarse con otras naciones “para democratizar Irán”, o trabajar para la cohesión de la sociedad civil.

“Educar y organizar a la sociedad para contrarrestar las políticas destructivas de la República Islámica en el campo de la ecología” es otro de los puntos, así como “eliminar las barreras mentales y estructurales que impiden la participación de las mujeres en todos los ámbitos”. Precisamente, la Sociedad de Mujeres libres de Kurdistán Oriental (KJAR) también celebraba su tercer congreso el pasado mes de marzo con un llamamiento final a “organizarse, unirse, luchar y liberarse”.

El encuentro no podía concluir sin un recuerdo a los mártires, presos políticos, a sus familias, así como “a todos los buscadores de la verdad y luchadores por la libertad”.

FUENTE: Karlos Zurutuza / Gara