La conversación urgente que Trump y Putin deberían tener sobre Siria

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan dijo esta semana (por la semana pasada) que una escalada militar en Idlib es “cuestión de tiempo” a menos que el ejército del presidente Bashar Al Assad se retire hasta las líneas acordadas con Rusia en septiembre de 2018.

Si Estados Unidos proporciona sistemas de defensa de misiles Patriot a Turquía, como ha pedido Ankara, esto podría envalentonar aún más a Erdogan. El resultado podría ser una escalada que exacerbaría el terrible sufrimiento del pueblo sirio, a la vez que aumentaría el riesgo de un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia en Siria.

Por lo tanto, éste podría ser un momento oportuno para que la administración de Donald Trump se ocupe de la crisis en Siria, pero no sólo en el sentido estricto de la petición militar turca. Otros ya están interviniendo. El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha pedido un inmediato alto el fuego. Pero dado el punto muerto en que se encuentra el Consejo de Seguridad de la ONU, que es vital para cualquier progreso en Siria, el presidente Trump y el mandatario ruso, Vladimir Putin, probablemente tendrían que hablar y ver si se puede encontrar algún terreno común.

Turquía busca un salvavidas en Estados Unidos

Turquía ya ha invitado a Estados Unidos a participar en el lío, con su solicitud de sistemas de defensa con misiles Patriot para frustrar cualquier ataque futuro de las fuerzas sirias respaldadas por Rusia en la provincia de Idlib, donde 15 soldados turcos han muerto este mes, en una confrontación que es cada vez más intensa. Turquía también está pidiendo a Moscú acceso al espacio aéreo controlado por Rusia en Siria, al tiempo que aumenta sus tropas y armamento en la región.

El llamamiento de Erdogan para que el gobierno sirio repliegue sus fuerzas ha sido ignorado hasta ahora por Moscú y Damasco. Los límites de la desescalada en el llamado “Memorándum de Sochi” entre Ankara y Moscú pueden ser papel mojado. El ejército sirio, respaldado por Rusia e Irán, voló por los aires esas fronteras en las últimas semanas, ocupando 10 de los 12 puestos de avanzada turcos establecidos por el acuerdo de Sochi. El ejército de Assad ha retomado docenas de aldeas en las provincias de Idlib y Alepo, según informa Mohammed Al Khatieb, mientras se apoderaba de una carretera clave entre Damasco y Alepo. Assad hasta ahora no muestra ninguna intención de detenerse, especialmente al contar con el apoyo de Rusia e Irán.

Mientras que Trump aparentemente no se comprometió con Erdogan en una llamada telefónica del 16 de febrero, según Amberin Zaman, la solicitud turca tiene el apoyo de algunos en la administración Trump, que ven una oportunidad tanto para reparar la problemática relación entre Estados Unidos y Turquía como para bloquear la ofensiva militar de Siria. Trump ha sido cauteloso en cuanto a ser arrastrado a los combates en Siria, excepto por el uso de armas químicas, a lo que ha respondido en dos ocasiones (en 2017 y 2018). Los Estados Unidos podrían considerar la posibilidad de prestar algún tipo de apoyo de inteligencia y logístico a Turquía, según Zaman, y la solicitud de los Patriot sigue en estudio, informa Jack Detsch.

Ésta es la trampa para Erdogan: Siria es su guerra sin fin. No tiene final, sin una gran ayuda de la comunidad internacional, es decir, tanto de Estados Unidos como de Rusia, y eventualmente algún acuerdo con Assad, como los parlamentarios de la oposición de Turquía están exigiendo ahora, informa Sibel Hurtas. Aquí están las tres razones por las que Erdogan no puede resolver lo de Siria sólo con una solución militar:

-Refugiados: Turquía alberga actualmente 3,6 millones de refugiados sirios (hay cinco millones en todo el mundo, de una población siria de 22 millones antes de la guerra). Ésta es una increíble tensión para la economía turca. Erdogan ha dicho que reubicará a los refugiados en una zona controlada por Turquía en el noreste de Siria. Esto no es una respuesta, ya que simplemente cambiaría el estatus de los sirios de “refugiados” a “desplazados”. Ya hay 6,2 millones de desplazados internos en Siria, el mayor flujo de todos los países del mundo. Los recientes combates han producido otros 900.000 sirios desplazados, todos hacia Turquía, cuya frontera está cerrada. Una declaración conjunta de Rusia, Turquía e Irán en octubre de 2019 estableció el retorno de todos los desplazados internos y refugiados “a sus lugares de residencia originales” en Siria, lo cual es la solución definitiva, pero queda muy lejos.

-Un segundo frente con los kurdos: la preocupación de Erdogan por los “terroristas” kurdo-sirios ha complicado sus relaciones con Estados Unidos y abierto su vulnerabilidad ante Putin y Assad. Rusia ha estado presionando por un acuerdo entre los kurdos y Damasco, incluyendo una reunión secreta en diciembre que involucra a oficiales kurdos y al jefe de la inteligencia siria Ali Mamlouk, según Fehim Tastekin. Estados Unidos ha advertido a su socio, las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) dirigidas por los kurdos, que se mantengan al margen del conflicto actual. Pero “la tensión de los lazos ruso-turcos sobre Idlib ha dado lugar a algunos cambios no declarados en las opciones tácticas kurdas”, escribe Tastekin. “Los kurdos están colaborando con el ejército sirio en ciertas partes de las operaciones en el noroeste de Alepo, a saber, en las zonas a lo largo de los límites de Afrin”. Al poner en juego la carta kurda, Putin implica la amenaza de un segundo frente en las zonas ocupadas por el ejército turco.

-Las confusas relaciones de Turquía con Hayat Tahrir Al Sham (HTS): Rusia culpa a Turquía de empeorar las cosas al no separar a los grupos terroristas (los vinculados a Jabhat Al Nusra como el HTS) en Idlib de las fuerzas de oposición, más moderadas o nacionalistas, como se pidió en Sochi. Tanto Estados Unidos como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han designado al HTS como grupo terrorista. El enviado de Estados Unidos a Siria, James Jeffrey, dijo que hay al menos 7.000 o 10.000 miembros vinculados a Jabhat Al Nusra en Idlib. HTS “es un aliado de facto de Turquía”, explica Tastekin de nuevo. Controla el 90% de Idlib y “no perderá su carácter yihadista aunque se renueve” e “independientemente de las intenciones de Ankara, su última intervención en Idlib ha puesto al ejército turco del mismo lado que HTS y sus aliados”. El 29 de enero, Erdogan se refirió a los que “defienden su propia tierra” como “luchadores de la resistencia”, no como terroristas. Cuanto más se acerca la lucha en Idlib a Turquía, más se acerca a las zonas bajo control del HTS. “Uno no puede dejar de preguntarse cómo va a enfrentarse Turquía a los grupos con los que ha colaborado activamente desde finales de enero”, concluye Tastekin.

Una dura llamada a Siria

El enviado de la ONU en Siria, Geir Pedersen, informó esta semana (por la anterior) al Consejo de Seguridad sobre la “devastadora escala del sufrimiento humanitario”, y reiteró el llamamiento de Guterres para un inmediato alto el fuego.

Putin y Erdogan hablaron, y ambos deberían tener algún interés, tarde o temprano, en evitar una nueva espiral descendente en sus vínculos en Siria. Tal vez. Pero por ahora todavía parecen muy distantes, explica Metin Gurcan. Erdogan también está solicitando una cumbre a cuatro bandas (Rusia y Turquía), e incluir a sus homólogos francés y alemán, Emmanuel Macron y Angela Merkel. La próxima reunión del trío Astana en Irán representa otro paso adelante en esta vía diplomática.

Involucrar a Francia y Alemania es un buen paso, incluso para los intereses de Washington. Pero la única forma de que haya progresos en Siria -tanto en términos de una solución política duradera como de alivio de la crisis humanitaria- es si Estados Unidos y Rusia pueden encontrar algún terreno común.

Aquí no hay ilusiones de que Putin no esté al 100% detrás de Assad, y por ahora no tiene intención de detener la ofensiva militar de Siria.

Pero Trump tiene buenas relaciones tanto con Erdogan como con Putin. Los tres operan por conexión personal, y la acción se mueve cuando hablan. Trump ha expresado repetidamente su preocupación por la carnicería en Idlib, así que esto no sale de la nada. Estados Unidos es un actor en Siria, comandando activos e influencias significativas y sosteniendo las operaciones antiterroristas contra el Estado Islámico, informa Detsch. La influencia de Estados Unidos en la ONU es incomparable. Trump podría llamar a Putin mientras sopesa la oferta de los Patriot, tal vez usándola como una ficha por ahora. Putin, a pesar de sus bravuconadas, no quiere ni necesita más problemas con Estados Unidos. Quiere ser el intermediario de un juego final en Siria, y sabe que eventualmente tiene que lidiar con Trump. Y Trump puede trabajar con y a través de Macron y Merkel, si deciden comprometerse.

Involucrarse más en Siria es una decisión difícil, pero Trump no parece rehuir las decisiones difíciles. Si alguna crisis global merece una oportunidad en el arte del trato, es Siria, cuyo pueblo ya ha sufrido demasiado.

FUENTE: Al Monitor / Traducción: Rojava Azadi Madrid